sábado, 31 de julio de 2010
le mérdé
Qué fea sensación ser la historia triste de la vida de alguien.
Ser un recuerdo que despierte lágrimas.
Formar parte de una mancha oscura en alguna mente.
No reaparecer en relatos felices que se sigan contando, aunque ya no esté.
Ser evadido, hasta desaparecer.
Convertirse en una cosa molesta a la hora de repasar etapas.
El ego siente la gran e ilusa satisfacción de ya,
por el simple hecho de haber estado,
pertenecer a una vida por siempre.
Cuando la felicidad llega con toda su energía a colmar una vida,
ya lo triste pasa a ser olvidado, y lo bueno nunca deja de ser bueno,
aunque no se lo recuerde a veces.
Lo bueno siempre tendrá un corazón amigo en la distancia,
siempre será evocado y engendrará, al menos, una sonrisa nostálgica.
¿Uno puede evitar no ser uno de esos recuerdos tristes?
No tengo idea.
Quiero ser un recuerdo feliz.
Marcar una vida con felicidad.
Quisiera tener algo así como un borrador mágico,
onda el de hombres de negro,
para pasárselo a la mente de quien me recuerde con dolor,
sea en el pasado o en el presente.
No quiero ser dolor.
No quiero manchar.
No quiero generar lágrimas.
No quiero ser eso que odio.
Te recuerdo con demasiado amor,
con todo el amor que se genera en el sector mas puro del corazón;
el dolor mas dulce es añorar esos años con locura.
Cómo quisiera volver a amarte
otra vez...
La magia está en que no estás
en que no se nada de vos ya,
y sin embargo,
estás acá,
en mi,
y nadie puede, ni va a poder borrarte.
Nunca.
Pasan los años, y van a seguir pasando.
Quiero que seas feliz todos los días de tu vida.
Y que no pase un minuto de ella en que te sientas completamente sólo.
Aunque eso implique
que me borres de tu memoria,
que destruyas los recuerdos,
que viajes miles de kilometros lejos de todo lo que me regrese a tu mente.
Mi corazón tiene el beso eterno del tuyo
marcado a base de los 4 elementos.
Gracias por existir y haberme hecho tan feliz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario